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cardiología

Margarita

(escuchando Terence Blanchard, let’s get lost)

Margarita llegará en invierno para darnos calor. llorará por primera vez cuando el cuerpo esté perdiendo sus facultades caloríficas, cuando los corazones estén a pocos grados de la congelación y sea necesario arroparse bajo las mantas en el sofá para sentirse vivo. le sonreirá al mundo cuando las hojas ya hayan caído de los árboles y la lluvia pinte a brochazos el aire que respiramos. Margarita dormirá por primera vez en los brazos de los que la esperan, de los que la esperamos, dentro de poco, de muy poco, mucho menos de lo que sentiremos cuando vayamos arrancando hojas de calendario. y lo hará sintiendo el corazón latir para calmarla, para quererla, para adorarla el resto de su vida. Margarita llegará para crecer y conocer, para aprender y ser lo que ella quiera ser, para viajar y sentir, para irse y volver. sólo ella decidirá quién y cómo, cuándo y dónde. ella o sus emociones, que son complementarias pero no son lo mismo. los que la esperamos con los ojos y las manos abiertas le llenaremos la cabeza de historias cercanas y lejanas, de raíces y mestizaje, de rocas y continentes, de pueblos y ciudades. le contaremos cuentos de fantasmas y princesas, de piratas y músicos de rock, de aventureros y filósofos, de deportistas y viajeros espaciales. jugaremos con ella a construir castillos, a carreras de bicis, a indios y vaqueros, al escondite o a las muñecas. y la veremos crecer junto a los nuestros, que ya les habrán regalado un trozo de su corazón. los que la esperamos sabemos que todo esto no es fácil, que nada de todo esto es tan sencillo como pensar en hacerlo. pero las cosas más complicadas son siempre las que terminan calando más hondo, las que nos hacen más felices, las que nos llenan más de emoción, las que nos hacen llorar más dramáticamente y las que nos alegran hasta llenar el vaso durante semanas. y puede que años. qué bien ser padrino de Margarita.

siempre sorprende qué pocos tramos de la vida se convierten en momentos significativos. la mayoría de las veces, pasan antes de comenzar, aunque proyectan una luz sobre el futuro y convierten a las personas que los causaron en alguien inolvidable. Chow Yun-Fat, Ana y el rey.

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mundo grúa

parada

(escuchando the smashing pumkies, Mellon Collie and the infinite sadness. porque hay que darle una oportunidad a los clásicos de vez en cuando)

como todos los días, en tren entró en la estación a las siete y cuarenta y cinco minutos. las puertas se abrieron con precedidas del sonido hidráulico que las caracteriza. de las veinticuatro personas, veintidós eran mujeres inmigrantes. siete peruanas, ocho ecuatorianas y siete africanas, originarias de distintos países. las otras dos eran un recepcionista de noche que volvía a casa y una joven con aspecto de recién llegada. las mujeres inmigrantes iniciaron su camino hacia la salida hablando animadamente entre ellas. si lo pensabas bien, era una estampa de lo más curiosa. por qué las mujeres inmigrantes llegaban a un pequeño pueblo a las siete y cuarenta y cinco de la mañana? decidí seguirlas. al traspasar la salida, giraron a la izquierda y se dirigieron al puente. pasaron por debajo, subieron la cuesta que sale del pueblo y atravesaron la rotonda que lleva al polígono. continuaron cuesta arriba, siempre hablando animadamente y, a pesar de la hora y de lo pronto que debían haberse levantado para llegar antes de las ocho, riéndose a carcajadas de vez en cuando. atravesaron la autopista y entraron en el camino asfaltado de la urbanización. en el cartel que invita a vivir el lujo inmerso en la naturaleza a diez minutos del centro, se separaron. cada una se dirigió al portal de su correspondiente chalet y llamó a la puerta. unos minutos más tarde, una larga fila de coches monovolumen, deportivos y cuatro por cuatro, todos ellos últimos modelos salidos del concesionario en los últimos dos meses, abandonaron la urbanización. sus dueños se marchaban a trabajar con la conciencia tranquila. sus hijos y sus chalets quedaban al cuidado de sus empleadas del hogar.

bienvenidos a una sociedad donde una sola gota de tu sangre puede determinar a qué edad morirás, con quien deberías casarte o qué trabajo deberías desempeñar porque es el más apropiado para tu constitución genética. una sociedad donde una persona no genéticamente mejorada tiene muy pocas posibilidades de triunfar, o donde un diseño erróneo puede marcarte para toda la vida. Andrew Niccol, gattaca.

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cardiología

domingo por la tarde

(escuchando Ben Harper, white lies for dark times)

las ocho y media de la tarde tiene una luz con algo de magia. es esa hora en la que, al conducir durante los meses de verano, la realidad escapa de tus ojos y se hace imágenes que encajan en un tiempo no lineal de presente, pasado y futuro. el sol se escurre entre la calima y la usa de filtro para la luz que deposita en las copas de los árboles. es la mejor hora para circular despacio con la ventana abierta y dejar que el aire se te cuele por los huecos del pelo y sepas que el verano es un buen aliado para sentirse bien. Ben Harper acompaña desde los altavoces. ahora es el momento de respirar y de volar un poco más allá. pero no voy a dejar nada atrás, porque este es mi equipaje. su voz se confunde con tus pensamientos. no voy dejar nada atrás. te miro y te veo sujetando su diminuta mano. y no voy a volar en solitario nunca más. aunque a veces desaparezca un segundo. no desaparezco. la música te mece los ojos más allá de la carretera y sabes que la puerta se abrirá al llegar y que te esperan. no volaré en solitario nunca más. aunque a veces desaparezca un segundo. no desaparezco. me ha costado demasiadas lágrimas llegar hasta aquí, demasiado tiempo. pero la espera ha merecido la pena. las voces han tenido que callarse. porque puedo estar seguro de que ya no volaré nunca más en solitario. el coche se desliza entre las paredes de piedra seca, pegado al asfalto de las llanuras en las que desembocan las montañas. enciendes las luces. los colores pierden brillo y empieza a oscurecer un poco. oyes los dedos trasteando sobre el mástil de la guitarra y ahora eres tú el que pones la letra. una letra silenciosa en el que lo único que importa es llegar a casa.

no hay más que una vida, no hay Dios, ni reglas, ni juicios más que los que tú aceptes o crees para ti misma. y cuando se acaba, se acaba, duermes por toda la eternidad. sé feliz mientras estés aquí. Richard Jenkins, a dos metros bajo tierra.

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presentación

(escuchando Ben Harper and the ralentless7, white lies for dark times. cómo me gusta este disco, por los dioses de las guitarras)

a petición popular, el padre baboso decidió presentarlo en sociedad.
pues eso.

click para curiosear
con un click bastará para satisfacer la curiosidad.

un hombre que no dedica el tiempo suficiente a su familia no es un hombre de verdad. Marlon Brando, el padrino.

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veinticuatro días después

(escuchando Ben Harper and the reventless7, white lies for black times)

durante el último mes antes del nacimiento de Lluís, el comentario más oído era duerme ahora que puedes. lo hacían todos aquellos que habían tenido antes hijos. y tú pensabas ya, bueno, eso dependerá del niño, no? y tampoco creo que sea para tanto. bueno, tú haz lo que quieras, pero yo te aconsejo que duermas. ahora, veinticuatro días más tarde y el primer día después de los quince días de no tocar el ordenador, puedo afirmar que no, no depende del niño. y aconsejar a todos aquellos que aún no han experimentado la gozada de ser padres o madres, duerme, oh, amigo y amiga, duerme ahora que puedes. que luego se pasa? sí, se pasa. pero, de momento, las noches son mucho más largas que los días. pero mucho más. aunque, si lo miras con buenrollitina, tiene una parte positiva. rejuveneces como diez o quince años, básicamente porque llevas el mismo estilo de vida de cuando eras un adolescente universitario o de primer sueldo: vives de noche. vuelves a antiguas rutinas de pasarte en vela hasta que sale el sol y luego ir a trabajar, las ojeras vuelven a ser un parte importante de tu fisonomía, vuelves a dormirte en reuniones familiares y te levantas a las tantas porque conseguiste acurrucarte entre las sábanas a partir de las seis y media más o menos. además, en la quietud de la noche, te das cuenta del tipo de vecinos que tienes. descubres, gracias a la cantidad de veces que abren la puerta de la nevera a las tantas, la razón por la que el de la derecha está cada día más orondo y la razón por la que su mujer se pasa el día en el supermercado, oyes sus conversaciones del tipo todavía me quieres?, claro, no seas ridícula. descubres que el de la izquierda es un adicto a los canales de teletienda y eróticos, por ese orden. sabes si mantienen o no actividad sexual, con qué frecuencia y qué intensidad, y si después roncan o no. toda una experiencia. aunque saben qué? todo eso no tiene ni punto de comparación con esos ojos que ven pero que miran, con esos dedos que agarran los tuyos, con los pies que patalean y las cientos de miles de expresiones que tiene cuando duerme, con la expresión de su madre cuando lo contempla, con sus manos sujetándolo, con el sentimiento cómplice que está ahí, latiendo cada minuto del día. qué gozada, oigan, qué gozada.

el día más aterrador de tu vida es el día que nace tu primer hijo. tu vida, tal y como la conoces, se acaba. y nunca volverá. pero luego aprenden a caminar y a hablar y sólo quieres estar con ellos, y acaban convirtiéndose en las personas más deliciosas que conocerás en toda tu vida. Bill Murray, lost in translation.