(escuchando Chris Joss, teraphonic overdubs. get the funk, dude)
recogió la mesa y se sentó en el sofá. en la televisión, el menú del dvd repetía su bucle una y otra vez. tenía que marcharse a la cama, el día siguiente sería duro, pero su cuerpo no respondía. se quedó con los ojos fijos en aquellas letras. película, opciones, extras. había una música, pero no la estaba escuchando. las pupilas no se movían y la imagen se fue borrando píxel a píxel. hubo un instante de silencio en el que desapareció todo lo que le rodeaba. rebobinó sus recuerdos, cuando las cosas eran más fáciles. por qué es ahora todo tan complicado?, se lamentó. no lo es, le dijo el recuerdo de un beso del día anterior. la memoria es selectiva y descarta el dolor, la soledad, el pánico, la angustia, la apatía, añadieron los labios con sabor a sábanas de la mañana. cerró los ojos. no quería escuchar lo que tuvieran que decirle. los besos son siempre buenos, pensó, no pueden darse cuenta de que las cosas ahora son demasiado difíciles. no, no son difíciles. son iguales, insistió el beso de después de comer, con un leve aroma a bombón fundido en el café. lo que ocurre es que es más fácil dejar que sea la memoria la que seleccione lo que mañana serán recuerdos de tiempos mejores, concluyó un beso de la tarde, a quemarropa, en la cocina. el aire frío entró por la ventana del salón y respiró. regresó al sofá, se levantó, apagó la televisión, sacó el la película del reproductor y la guardó en su funda. pulsó off. se acabó. lo dijo en voz alta.
recuerda, Red, que la esperanza es algo bueno, quizá lo mejor de todo. y las cosas buenas no mueren. Tim Robins, cadena perpetua.