que salten los fusibles a las siete de la mañana tiene consecuencias imprevisibles. todo se para. todos los aparatos de la casa pierden su cadencia y el ritmo entra en pausa, como cuando los superhéroes chasquean los dedos y se abren paso entre los malos para llegar al quid de la cuestión. pero tú no llegas a ningún quid. porque todo está parado. incluidas las conexiones emocionales y neuronales de un cableado que, ya de por sí, se movía por instinto, por costumbre, por necesidad o por miedo. desde fuera, ese equilibrio precario sobre el que se mantienen algunos enlaces entre palabras y miradas no parece tener ningún tipo de coherencia, pero, desde dentro, rodeado de cables y moviendo los hilos casi sin rozarlos por miedo a las morir electrocutado, tiene una lógica mucho más densa que la de los dibujos de trayectorias de aviones en tiempo real más caóticos. y cuando se corta la electricidad, todo queda como en un estado de pausa estática, como el café frío, imbebible si no lo calientas un poco o un mucho o le añades un hielo para que se congele definitivamente y puedas disfrutar de la energía que inyecta. y hay que reiniciar, volver a poner la hora en el horno, en el reloj despertador que se enchufa y que tienes (todavía no los has tirado?) de cuando estudiabas y que también es una radio que ya no usas para no molestar, y aquellos aparatos que no pensabas que tuvieran un reloj que se ponía en hora a mano. tienes una obsesión con los relojes, me dice. pero lo sigues reiniciando todo, porque necesitas un orden y que la partitura tenga un sentido, aunque luego improvises y sea todo jazz. el sentido tiene que estar ahí, es (casi) obligatorio. pero lo que preocupa no es tener que reiniciar, aunque los mecanismos pierdan un poco de fuerza, casi nada, cada vez que lo haces. eso no es lo que me mantendrá otra noche en vilo. es todo lo que viene antes del salto de los plomos lo que se transforma en arenas movedizas y se come tus pies para que debas avanzar de rodillas hacia arriba, pero quedarte con las plantas clavadas en el suelo de rodillas hacia abajo. por eso te rompes, por eso transforma. por eso saltan los fusibles. porque el voltaje ha cambiado.
me acuerdo!
Ellen DeGeneres, Buscando a Nemo