tal vez me dijeras que esto era un error desde el primer día. no lo sé, porque hay días en que no soy capaz de escuchar nada de lo que dices ni de comprender tus argumentos ni nada de nada. pero la tozudez siempre ha sido una de mis mejores virtudes (llámalo virtud o tozudez, tú decides). no la tozudez de las mulas o los bulldogs, que se quedan paradas en el sitio, con el culo pegado a la tierra, y es como arrastrar un bloque de cemento tirando de una cuerda muy fina. sino la de no me voy a rendir por mucho que me digas, la de el corte es profundo y me estoy haciendo sangre, lo sé, pero aquí sigo dándome contra la pared, que cederá en algún momento. aunque no ceda. aquí seguiremos. pues eso. que tal vez me lo dijeras, pero también puede que esta sea la primera vez que te veo diciéndolo con cara de no, no estoy bromeando. y no sé si mi mejor virtud se va a olvidar un rato de ti y se marchará a Los Monegros en moto un par de semanas a estar en silencio o en una rave, hasta que se me pase. o si, simplemente, no era tan dura como creía y no podrá seguir en sus trece porque en realidad sólo eran nueve o diez. no lo tengo muy claro. la cuestión es que hay poco más que decir, verdad? porque he estado dándole vueltas y tengo dos opciones, la tozudez sin reproches pero sí lucha, mucha lucha, hasta el último día (o eso dijo la doctora el otro día), o un billete de barco para mí y la moto a dónde sea. tengo que pensarlo, en cuanto tenga dos minutos, lo hago. o alguno más, porque dos minutos no cubren ni el primero de los interrogantes. cómo se piensa una cosa así, por cierto? en realidad es posible que no tenga que pensarlo y sólo sentirlo en las tripas, justo donde está ahora. doy otro trago al café con leche y un mordisco a la tostada. miro por la ventana. la tormenta está ahí, en la esquina de la sierra, a punto de caramelo y de agua con rayos y truenos. me llamas desde la cama. la voz te pesa, como el resto del cuerpo. lo sé, he oído quejarse la máquina que te mantiene con vida (es duro vocalizarlo, pero es la realidad) hace unos cinco minutos, en el primer aviso. estiras las palabras y mi nombre se hace elástico en el aire, como si cada letra recorriera los escalones que separan los pisos y nuestras vidas. voy, contesto.
Honestamente, estoy convencido de que mis tripas piensan con el culo.
John Cusack, Alta Fidelidad.